Investigadores de la Universidad Agrícola de Gansu, en China, demostraron que aplicar un déficit o estrés hídrico controlado durante la maduración del tomate mejora su sabor sin reducir la cosecha.
El estudio, publicado en la revista Horticulturae, evaluó distintos niveles de riego en la variedad de tomate cherry ‘Micro-Tom’. Los tratamientos fueron: 90 % (riego completo), 80 %, 65 %, 55 % y 45 % de la capacidad de campo.

Más azúcares, mejor sabor
Aunque la cantidad total de tomates cosechados por planta fue estadísticamente la misma que con el riego completo, los frutos del tratamiento a 65 % sufrieron cambios internos.
Al medir el peso de los frutos frescos, estos resultaron ser más ligeros, con una reducción de 18 % en el peso fresco individual en comparación con el riego normal. Esto se debió a que perdieron agua, bajando su contenido de humedad en 2 %. No obstante, al deshidratarlos completamente en el horno, los investigadores observaron que su peso seco aumentó 14 %.
Esto significa que, aunque los tomates eran más pequeños y estaban menos hidratados, tenían una mayor concentración de materia sólida, es decir, más pulpa, fibra y nutrientes por cada gramo de fruto. Esta mayor densidad de sólidos permite que el sabor se concentre.
El riego moderado no estresó en exceso a la planta, sino que actuó como un estímulo que activó su maquinaria fotosintética. Este impulso enzimático permitió que las hojas fijaran más dióxido de carbono y aumentaran su tasa de fotosíntesis en 11 % en comparación con el riego normal.
Al tener una fotosíntesis más eficiente, la planta produjo una mayor cantidad de carbohidratos (azúcares) en las hojas. Esos fueron transportados a través del floema hasta los frutos en desarrollo. Al llegar a los tomates, y sumado al hecho de que estos tenían menos agua, los azúcares quedaron mucho más concentrados.
En la etapa de madurez roja, los tomates tratados a 65 % mostraron:
- 70 % más fructosa
- 35 % más glucosa
- 48 % más azúcares totales
Una estrategia para zonas áridas
A diferencia de los tratamientos más severos (55 % y 45 %), el déficit moderado mantuvo una firmeza adecuada. Esto asegura que los frutos resistan el manejo poscosecha y el transporte.
Los autores concluyen que el riego al 65 % de capacidad de campo es una práctica prometedora para regiones con escasez de agua. Permite ahorrar agua, mejorar el sabor y mantener la producción.
“Este manejo podría ser clave para la agricultura sostenible en zonas semiáridas”, concluyen los autores.
Fuente: Horticulturae
