Mónica Eloísa Pérez Romero ha dedicado más de dos décadas a transformar la inocuidad en el sector agrícola mexicano. En Agrícola Omega, su labor ha beneficiado directamente la calidad de los productos que llegan a los mercados nacionales e internacionales, donde la inocuidad es sinónimo de competitividad y confianza.
Mónica lidera los programas de inocuidad y certificaciones en una empresa exportadora de hortalizas en el Valle de Mexicali. Su rol incluye coordinar iniciativas de bioseguridad como el programa Asociación Comercial Aduanera contra el Terrorismo (CTPAT, por sus siglas en inglés), diseñado para prevenir el bioterrorismo en alimentos y proteger la cadena de suministro. Además, supervisa las certificaciones de productos orgánicos y la implementación de buenas prácticas agrícolas, buenas prácticas de manufactura y control de puntos críticos.
Pero su éxito no ha sido fortuito. Ha sido el resultado de años de esfuerzo, aprendizaje y adaptación en un entorno desafiante que la forjó desde sus primeras experiencias profesionales en el Valle de Mexicali.

El caso de la Salmonella en cebollín
En 2010, Mónica enfrentó una contaminación de Salmonella en cebollín, causado por una plaga de sapos de la fuente de agua de canal. Este evento representaba un riesgo para la reputación y operación de la empresa en la que labora.
«Fue mi primera experiencia con las autoridades estadunidenses en un problema serio de inocuidad. Tuvimos un brote de Salmonella. Este no fue detectado porque alguien se enfermara con nuestro producto, sino porque la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos lo detuvo en la aduana por análisis microbiológico que realizan al azar.
»Era Salmonella de sapo. Regresé de urgencia de mis vacaciones y lo que miré fue aterrador: la fuente de agua con la que regábamos, estaba con presencia de sapos. El canal alimentador estaba infestado, había muchos sapos por doquier, era toda una plaga, como en el Éxodo bíblico.
»Las autoridades estadunidenses nos solicitaron medidas correctivas inmediatas. Para solucionar esto, el primer paso fue revestir los canales con plástico negro. Esto evitó la proliferación de malezas, las cuales servían como refugio para sapos y otros animales.
»Otra medida fue cambiar el método de riego, de rodado a goteo, y colocar filtros de arena en el sistema de riego, lo que permitió minimizar el contacto directo entre el agua y los cultivos.
»También realizamos análisis de agua más frecuentes. Pasaron de efectuarse cada tres meses a pruebas mensuales, e incluso diarias durante las etapas más críticas y cuando se pretende sembrar en ranchos nuevos.
»Otra medida adicional fue la reubicación de luces en el campo cuando se trabaja de noche. Este cambio evitó atraer insectos hacia las áreas de cultivo. Gracias a estas acciones correctivas, la FDA levantó la restricción al año siguiente, en 2011, lo que no solo evitó pérdidas económicas mayores, sino que también posicionó a la empresa como un ejemplo de manejo efectivo de crisis sanitarias».

El artículo completo está disponible en el vol. 61 de revista Agro Excelencia
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