• Mié. Ago 4th, 2021

Suelos saludables y raíces sanas, plantas vigorosas

Homero Estrella Ochoa
Químico Biólogo
Agro Insumos y Biológicos para Huertos Orgánicos

  • Las plantas fuertes resisten o repelen las enfermedades con gran eficiencia

  • Recomendable la multiplicación de microrganismos benéficos

  • Monitorear la oxigenación del suelo, un tema indispensable

Una planta requiere suelos saludables para su desarrollo y poder absorber los nutrientes que necesita. Además, es indispensable estimular la formación del sistema radicular y contar con raíces sanas, fuertes y aptas para nutrir a la planta, porque son la boca que las alimenta.

     Cuando se tienen en los cultivos plantas vigorosas, robustas y bien nutridas es menos probable que las enfermedades o agentes patógenos las ataquen; y si es así, ellas están preparadas para combatirlas.

     Las plantas son seres vivos que ocupan ––como cualquier persona–– mantener su sistema inmunológico activado para que un ataque generado por un agente patógeno (virus o bacterias) pueda contrarrestarlo en caso de alguna afección provocada.

Algo de lo que pocos se preocupan

Las raíces bien desarrolladas requieren espacio para moverse en busca de minerales que ocupan para su óptimo desarrollo.

     En el cultivo del espárrago, por ejemplo, los elementos más esenciales son el nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, sodio, magnesio, boro, molibdeno, manganeso y zinc. Más adelante se expondrá cómo elaborar un programa de nutrición en este cultivo.

     Debe recordarse que raíces bien estructuradas y sanas remueven el subsuelo para alcanzar los macro y microelementos que necesita, generando un mejorador de suelo natural, es decir, se provoca la oxigenación del suelo, algo que pocos se preocupan por monitorear.

     El suelo es uno de los ecosistemas más complejos que existen en la naturaleza y uno de los hábitats más diversos de la Tierra. Contiene un sinfín de organismos que interactúan y contribuyen a los ciclos globales que posibilitan la vida.

Vida en miniatura bajos nuestros pies

Si hablamos de la vida que tenemos bajo nuestros pies, deberemos comprender la necesidad de multiplicar los microorganismos benéficos que existen –o debieran existir– en los suelos que cultivamos.

     Si tuviéramos la oportunidad de observar al microscopio toda esta vida en miniatura que genera más vida en nuestras plantas, nos daríamos cuenta de la responsabilidad que tenemos en la agricultura de mantener el suelo vivo y evitaríamos el uso de insumos que afectan su existencia, las de las plantas y los cultivos.

     La propuesta de un manejo integrado es alcanzar el equilibrio suelo-raíz-planta-microorganismos. El suelo tiene que contar con los minerales y la vida necesaria para lograr cultivos sanos y productivos.

     Con el enfoque de manejo integral, se busca disminuir la incidencia de agentes patógenos que lleguen a invadir los cultivos, estimulando el sistema inmune de la planta.

Los beneficios de una buena nutrición

Las plantas sanas desarrollan la capacidad de resistir o repeler las enfermedades a distancia con mayor eficiencia.

     Al proveer la nutrición adecuada a la planta se genera una mayor capacidad de respuesta. El cultivo se vuelve menos apetecible a las plagas y patógenos al no tener sobrantes de nutrientes que la planta no consumirá, pero que se convertirán en atrayentes como alimento para las plagas. En la naturaleza, lo que un organismo no consuma, alguien más aparecerá para degradarlo.

Las ventajas de un suelo saludable

Al suelo debemos abordarlo con dos enfoques: químico y biológico. El primero aporta los macro y microelementos disponibles para la planta; el segundo mantiene una comunidad de microorganismos benéficos para la planta que interviene en aspectos como los siguientes:

  1. Convertir en biodisponibles a los nutrientes que el cultivo por sí solo no puede asimilar.
  2. Fortalecer a un suelo vivo que está en constante movimiento, provocando una mejor oxigenación, pero, además, combate y mantiene a raya los agentes patógenos (hongos, larvas, etcétera).
  3. Conferir resistencia a las plantas ante temperaturas extremas.
  4. Retener la humedad del suelo.

El artículo completo está disponible en el número 38, páginas 22 a 24, de su revista Agro Excelencia.

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