• Mié. Ago 4th, 2021

Edgardo Cortez Mondaca
Doctor en Ciencias. Campo Experimental Valle del Fuerte
del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias

  • Recomendable propiciar el establecimiento de la fauna benéfica y proporcionarle condiciones favorables
  • Las aspersiones de insecticidas de amplio espectro deben dejarse como última opción

Para aspirar a un manejo satisfactorio de la mosca blanca (Bemisia tabaci Genn. biotipo “B”), es necesario realizarlo de manera integrada: ninguna práctica de control por sí sola es suficiente para obtener un control efectivo.

⠀⠀⠀Se requiere que la implementación de las medidas fitosanitarias sea a escala regional (Cortez y Orduño, 2007). Además, debe considerarse la secuencia de cultivos hospedantes preferidos por esta plaga y establecidos durante el año completo.

⠀⠀⠀La mosca blanca no es factible controlarla en uno o unos cuantos lotes, ni en solo una determinada época del año. Es indispensable la participación de las instancias involucradas con la sanidad vegetal y principalmente de los productores agrícolas.

En este artículo sólo abordaremos dos aspectos:

  1. Control biológico por conservación de enemigos naturales.
  2. Elaboración de un programa de control químico, de acuerdo al modo de acción de los grupos toxicológicos de insecticidas para el manejo de la resistencia de mosca blanca.

Control biológico

El aprovechamiento de los entomófagos de la mosca blanca, presentes en forma natural en tomate, es posible si se evita la aspersión innecesaria de agroquímicos y se retrasa al máximo su aplicación, especialmente los insecticidas de amplio espectro.

⠀⠀⠀Es conveniente proporcionar a los enemigos naturales condiciones favorables, que los atraigan y retengan. Una manera es el establecimiento de plantas asociadas (Altieri, 1994) con floración llamativa por su coloración y aroma. Estas tienen la ventaja de brindar néctar y proporcionar presas alternas para la alimentación de estos organismos. Algunas especies de plantas son el cilantro, la canola, la manzanilla y la mostacilla (DeBach, 1975; Gurr et ál., 2000; Cortez et ál., 2004).

El artículo completo está disponible en el número 7, páginas 4-6, de su revista Agro Excelencia.

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