• Sáb. May 28th, 2022

¿Qué son los cultivos de cobertura?

  • Estas plantas sirven para enriquecer y proteger los suelos, mejorando la productividad

  • Los suelos con cultivos de cobertura tienen más materia orgánica, fomentando una mejor captura de carbono

A diferencia de los cultivos comerciales, los de cobertura sirven para proteger y enriquecer el suelo. Agregarlos a la rotación de cultivos mejora la salud de las tierras agrícolas al reconstruir la materia orgánica y respaldar una comunidad microbiana fuerte.

     Las rotaciones de cultivos efectivas incorporan cultivos de cobertura para maximizar la productividad del suelo sin insumos químicos. Estos fomentan que el suelo retenga más agua, por lo que a las plantas les va mejor durante las sequías y son más resistentes a las plagas y enfermedades.

Hay diferentes cultivos de cobertura

Las coberturas con raíces más anchas, como la colza y las habas, ayudan a prevenir la escorrentía y la erosión del suelo, mientras que las que tienen estructuras de raíces más estrechas y largas, como la avena y los rábanos, permiten mantener la aireación.

     Las cubiertas con estructuras de raíces más densas, como el trigo y el centeno, se utilizan para fomentar la compactación del suelo, mientras que las cubiertas con raíces más ligeras, como la arveja y el chícharo, favorecen la filtración del agua.

     La cebada, la avena, el centeno, el trigo, las mostazas, las brásicas y los rábanos forrajeros pertenecen a un grupo único de cultivos de cobertura conocidos como carroñeros de nutrientes.

     Estas plantas ayudan a recolectar nutrientes al final de la temporada de crecimiento, reduciendo hasta 48 % la lixiviación de estos, es decir, el movimiento descendente de nutrientes disueltos. Igualmente apoyan a los microorganismos que reciclan fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre en el suelo.

Mejoran la salud de la planta y suelos

Los suelos con cultivos de cobertura acumulan más materia orgánica, incluidos niveles más altos de carbono y nitrógeno totales. Esto es un indicador de la salud del suelo. También aportan una mayor estabilidad de los agregados, una mejor aireación y menor erosión.

     Los cultivos de cobertura son una herramienta útil en el manejo de malezas y plagas. Ciertas cubiertas son excelentes para superar y sofocar las malezas o impactar el microclima del suelo para que sea más difícil para estas sobrevivir. A estos se les llaman suelos supresivos.

     Otros pueden liberar biofumigantes, sustancias químicas en el tejido vegetal que matan o suprimen nematodos y patógenos del suelo. Las brásicas, la caléndula, el pasto Sudán, el centeno, el trigo, y la cebada son ejemplos bien conocidos de plantas que liberan biofumigantes.

Captura de carbono

El potencial para secuestrar carbono es otro beneficio de los cultivos de cobertura. Las cubiertas pueden secuestrar 60 millones de toneladas métricas de carbono por año cuando se plantan en 8 millones de hectáreas, con la capacidad de compensar las emisiones de alrededor de 12.8 millones de vehículos de pasajeros.

     La clave para crear un entorno capaz de extraer carbono es el resultado de los microorganismos en el suelo que actúan como descomponedores, recicladores de nutrientes, perforadores de raíces, aireadores y estabilizadores del suelo.

     Los compuestos complejos de la hojarasca y las raíces, junto con los compuestos vegetales simples, brindan a los microorganismos lo que necesitan para crear una reserva de carbono estable de material vegetal parcialmente descompuesto, metabolitos extracelulares y necromasa microbiana que fijan el carbono en el suelo, lugar en el que debe estar.

Fuente: Instituto Rodale