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Quinua: un superalimento para los mexicanos

La quinua o quinoa (Chenopodium quinua Willd.) pertenece a la familia Amaranthaceae, un pseudocereal originario de la región andina (entre Perú, Colombia y Chile) con impresionante perfil nutricional y adaptabilidad a lugares con suelos pobres, que dependen de la lluvia para producir alimentos.

Fue originalmente cultivada por las civilizaciones antiguas de América del Sur, como los incas, quienes lo consideraron un alimento sagrado. Hoy se ha convertido en un superalimento reconocido en los países desarrollados por su alto contenido de proteínas, aminoácidos esenciales y diversas vitaminas y minerales (Teixeira, 2012).

Quinua
Cultivo de quinua.

El cultivo de la quinua

La quinua puede establecerse en suelos pobres y en zonas con pendientes, mostrando buena tolerancia a la sequía y a vientos fuertes. Esto la convierte en un cultivo viable donde otros no prosperan, especialmente en regiones marginadas gracias a su bajo requerimiento de insumos.

Sin embargo, su manejo exige atender ciertos puntos críticos para asegurar buenos rendimientos. Con base en experiencia en México, se destacan los siguientes aspectos:

Poder germinativo de la semilla

La semilla de quinua pierde rápidamente su capacidad de germinar; por ello, debe usarse semilla del ciclo anterior. Antes de sembrar es indispensable realizar una prueba de germinación: seleccionar 100 semillas, colocarlas entre servitoallas húmedas dentro de un recipiente cerrado y mantenerlo en una bolsa negra a temperatura ambiente por 24 horas.

Tras ese periodo, se contabilizan las semillas germinadas. Solo se recomienda sembrar lotes con un mínimo de 60 % de germinación.

Terrenos con pendiente

Cuando no es posible usar sembradoras mecánicas, se puede construir una sembradora manual económica: un recipiente plástico sin fondo y con una tapa perforada, fijado al extremo de una vara.

Se llena el recipiente a un cuarto de su capacidad y se depositan las semillas con pequeños golpecitos, procurando una separación de unos 5 cm. Esta técnica agiliza la siembra y evita agacharse en terrenos difíciles.

La siembra de quinua

La siembra debe coincidir con el inicio del temporal, cuando las lluvias son ligeras y no arrastran la semilla. Este momento favorece una distribución uniforme y una emergencia homogénea, mejorando el establecimiento del cultivo.

La correcta profundidad es indispensable para una buena germinación. Una vez colocadas en el fondo del surco, las semillas deben cubrirse con una capa delgada de suelo usando una escoba o un rastrillo, pasándolo suavemente para evitar que sean demasiado profundas. Un exceso de cobertura puede impedir la emergencia, por lo que este paso es determinante para el establecimiento del cultivo.

Cuando las plantas alcanzan 10–15 cm, se debe realizar el raleo para dejar una planta cada 20 cm. Esto elimina ejemplares débiles y reduce la competencia por luz, agua y nutrientes, favoreciendo un crecimiento uniforme y un mejor rendimiento.

Fertilización

Se recomienda un análisis de suelo previo para definir necesidades nutricionales. En general, puede aplicarse 1–2 t/ha de abono orgánico bien procesado; el abono de estiércol de borrego ha mostrado buenos resultados.

A los 10 días después de la emergencia, suministrar 200 kg/ha de un fertilizante con N-P-K y 100 kg/ha de otro enriquecido con Ca, Mg, K y micronutrientes.

Entre la primera rama y el inicio de floración, aplicar cada 15 días fertilizantes foliares con N-P-K a razón de 1 L/ha para fortalecer el crecimiento y uniformar la producción.

Cosecha

La cosecha debe realizarse temprano por la mañana, cuando la humedad relativa es alta. Esto reduce la pérdida de semilla, que puede alcanzar entre 15 % y 20 % si se cosecha en condiciones más secas.

Elegir el horario adecuado mejora notablemente la recuperación del grano.

M.C. José Luis Rodríguez Pineda

Dr. J. Concepción Rodríguez Maciel

M.C. Víctor Manuel Almaraz Valle

Colegio de Postgrauados

El artículo completo está disponible en el volumen 67 de Agro Excelencia

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