El Niño atraviesa una fase de rápida intensificación y genera señales para el campo. Según la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) se estima más de 90 % de probabilidad de un evento muy fuerte durante invierno de 2026-2027.
No obstante, la NOAA también advierte que existe una probabilidad de 75 % que desde otoño de 2026 (octubre y noviembre) se desencandenen los efectos del llamado “Súper Niño”, registros superior a los observados desde 1950.

Lluvias en México
Para México, el comportamiento de las lluvias será un factor de interés para el sector agrícola, donde los efectos de El Niño no serán uniformes en todo el territorio.
Aunque las perspectivas climáticas pueden apuntar a periodos con precipitaciones por debajo del promedio en algunas regiones, durante septiembre diversos sistemas meteorológicos han favorecido lluvias abundantes en el noroeste. En Sinaloa, por ejemplo, el Sistema Meteorológico Nacional (SMN) ha pronosticado lluvias puntuales intensas, las cuales han dejado un abasto de 46 % en el sistema de presas, a fecha de 15 de septiembre de 2026.
Por ello, el comportamiento de El Niño debe interpretarse junto con los sistemas atmosféricos que actúan a escala regional. El seguimiento de los pronósticos del SMN y de las condiciones de humedad en cada zona será fundamental para tomar decisiones de manejo.
Rumbo a finales de año
Para octubre se esperan lluvias normales o superiores a la media, mientras que noviembre podría presentar lluvias por arriba del promedio en el centro-norte y noreste. En diciembre, el noroeste tendría lluvias o precipitaciones superiores a la media, pero el occidente y sur registrarían valores inferiores.
También debe seguirse la temporada de frentes fríos. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) pronostica 56 sistemas frontales entre septiembre de 2026 y mayo de 2027, por encima del promedio histórico de 50. Además, advierte que masas de aire frío pueden interactuar con humedad y generar tormentas invernales, en el norte y noroeste.
Para el campo mexicano, conviene evitar decisiones basadas únicamente en El Niño. El fenómeno aumenta ciertas probabilidades climáticas, pero no determina por sí solo las condiciones de cada campo. El seguimiento de pronósticos regionales y humedad del suelo será útiles para ajustar calendarios y manejo.
