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Microbiota: el escudo invisible de las plagas ante insecticidas

La microbiota asociada a las plagas, aunque no se observa a simple vista, puede influir en la relación entre el insecto, la planta hospedante y las herramientas de control.

En algunos casos, las bacterias intestinales ayudan a metabolizar compuestos o a modular la respuesta del insecto frente a los insecticidas; en otros, los microorganismos del intestino o de la cutícula pueden modificar la susceptibilidad del insecto a hongos entomopatógenos. Dicho de forma sencilla: parte del éxito o del fracaso del control también puede depender de los microorganismos que acompañan a la plaga.

Como líneas de acción para técnicos y productores, se propone fortalecer el diagnóstico de fallas (calidad del producto, compatibilidades, cobertura, momento de aplicación y condiciones ambientales), rotar modos de acción, mejorar la calidad de la aplicación, integrar el control biológico y evaluar, mediante bioensayos, moduladores de microbiota de bajo impacto. Manipular la microbiota de las plagas es una vía prometedora, pero requiere evidencia de cultivo, por plaga y por producto antes de traducirse en recomendaciones comerciales.

Microbiota

¿Qué es la microbiota?

La microbiota no es solo “un conjunto de bacterias”. Es una comunidad de microorganismos que vive dentro y sobre los seres vivos y puede influir en su nutrición, su defensa y su relación con el ambiente.

En insectos, incluso se ha propuesto considerarla un “órgano funcional” por la cantidad de funciones que desempeña (Ferrari y Vavre, 2011).

En humanos ya resulta familiar hablar de probióticos y salud intestinal; en plagas agrícolas, ese mismo principio puede jugar a favor del insecto y en contra del control, porque dentro de cada plaga puede existir una comunidad microbiana que, en ciertos casos, ayuda a metabolizar insecticidas (Alison et al., 2020) o reduce la eficacia de agentes microbianos utilizados para su manejo (Hong et al., 2023).

Mayor resistencia a insecticidas

Dentro y sobre cada individuo de una plaga puede habitar una compleja comunidad microbiana. Esa microbiota le aporta capacidades que van más allá de la digestión: puede participar en el metabolismo de compuestos tóxicos y en la modulación de la respuesta del insecto frente a insecticidas (Blanton y Peterson, 2020; Jaffar et al., 2022).

Cuando un insecto se alimenta de una planta tratada con un insecticida sistémico, parte del compuesto puede entrar en contacto con los microorganismos intestinales. En algunos sistemas, estos microorganismos o las enzimas asociadas transforman el insecticida o estimulan los mecanismos de detoxificación del propio insecto. Esto puede contribuir a que la plaga sobreviva a una aplicación que, de otro modo, tendría mayor eficacia.

Un ejemplo proviene de la mosca del Mediterráneo, Ceratitis capitata. Charaabi et al. (2025) compararon diferentes colonias seleccionadas por su resistencia a insecticidas como el malatión, el dimetoato y el spinosad.

Los autores encontraron cambios en la composición de la microbiota intestinal: las cepas resistentes mostraron una mayor asociación con Enterococcus spp. y Klebsiella spp., mientras que las cepas susceptibles se asociaron con Serratia spp. y Buttiauxella spp.

Aunque todavía se requieren estudios adicionales para demostrar si estas bacterias degradan directamente los insecticidas, la evidencia preliminar señala una relación con el metabolismo del insecto y con su respuesta a los compuestos tóxicos.

La microbiota reduce el control microbiano

En algunas plagas, ciertos microorganismos asociados a la cutícula pueden actuar como una “primera barrera” al competir con el entomopatógeno o al afectar su establecimiento, lo que reduce la probabilidad de éxito del entomopatógeno (Hong et al., 2023).

El hongo B. bassiana es uno de los entomopatógenos más utilizados: sus esporas germinan sobre la cutícula, penetran y colonizan el interior del insecto hasta provocar la muerte. La susceptibilidad del hospedero, sin embargo, también puede cambiar debido a respuestas inmunitarias y a su microbiota asociada, por lo que el desempeño en campo puede variar entre sitios y épocas.

Dr. J. Concepción Rodríguez Maciel

M.C. Víctor Manuel Almaraz Valle

Ing. Leonardo Roa Mosqueda

M.C. José María García Ramírez

Colegio de Postgraduados

El artículo completo está disponible en el volumen 70 de Agro Excelencia

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