• Dom. Oct 24th, 2021

José Armando Carillo Fasio: sensibilidad y compromiso con los productores

  • Un convencido de la investigación al servicio de las necesidades del campo

  • Logró identificar y caracterizar una nueva especie de nematodo y proponer estrategias para su manejo

  • Vocación para formar nuevos agrónomos

José Armando Carrillo Fasio es investigador titular en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), Unidad Culiacán, en Sinaloa, México, desde donde se ha posicionado mediante sus investigaciones como uno de los nematólogos más prolíferos de México.

      Carrillo Fasio narra para Agro Excelencia sus vivencias, aciertos y motivaciones agronómicas que le sirvieron de peldaños en su camino como docente, investigador, divulgador y asesor agrícola.

     “Soy ingeniero agrónomo parasitólogo por la entonces Escuela Superior de Agricultura, hoy Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y cursé una maestría en Fitopatología, con especialidad en Bacteriología, en el Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas, en Montecillo, Estado de México. Cuando estaba en la preparatoria mi meta era estudiar ingeniería civil, pero mi decisión cambió cuando llegó a Costa Rica (Culiacán, Sinaloa), lugar de donde soy originario, un grupo de alumnos y profesores de agronomía”.

     “Estas personas fueron José Ramírez Villapudua, Sergio López Higuera, Sóstenes Montoya Angulo, Arturo Moreno Domínguez, Antonio Sañudo Cota, entre otros. En ese entonces residían en mi pueblo. Nos hicimos amigos y empecé a empaparme de conocimientos. Leí sus libros de parasitología y fitopatología, y rápidamente me orienté al cambio: decidí estudiar agronomía”.

Un estudiante apasionado por la fitopatología

“En 1975 inicié mi carrera en la Escuela Superior de Agricultura. En el primer año me desempeñé como auxiliar de campo, apoyando con los experimentos del área de Fitopatología. Con esta acción se cimentó mi interés por la investigación de la fitopatología y parasitología. Posteriormente, en el segundo año de la carrera me enviaron a trabajar al laboratorio como auxiliar. Mi labor era mantener en buenas condiciones la cristalería del laboratorio de Fitopatología”.

     “Durante mi tiempo en el laboratorio pude observar mediante el microscopio a los hongos y bacterias, la estructura de los patógenos. Esto me orientó a seguir la ruta que tomé: me llamó más la atención la fitopatología. Entonces mi objetivo fue tener muy cerca los conocimientos de las diferentes áreas de la fitopatología, por lo que me estuve acercando a los profesores para aprender más”.

     “Gracias a este esfuerzo, se fueron abriendo las puertas: salí de la carrera en 1980, y prácticamente me dieron mi título con el tiempo completo como docente de la universidad. Ese fue el premio por la dedicación y las ganas con las que cursé mi educación. Sentía que tenía un quehacer para el laboratorio y la docencia. Esto marcó la pauta para enseñar y formar nuevas generaciones de fitopatólogos”.

Del laboratorio al aula

El hoy investigador titular del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo comparte que como recién egresado de agronomía, su responsabilidad en la universidad durante los dos primeros años fue la de técnico de laboratorio.

     “Como responsable del laboratorio debía preparar los materiales para los experimentos de los profesores titulares de Fitopatología, de acuerdo con la información y necesidades que estos requerían para sus estudiantes. Luego de preparar los materiales y reactivos, redactaba textos de consulta para los alumnos y calificaba las prácticas de laboratorio”.

     A partir de 1983, José Armando fue docente de grupos académicos en las áreas de bacteriología y micología. Para él, transitar de estudiante a docente fue un reto de gran responsabilidad, enfrentándose a grupos de 50 alumnos solamente un poco más jóvenes que él. Afirma que, gracias a su capacitación constante, el conocimiento brindando por sus profesores y su vocación, sorteó eficazmente este desafío.

     “Lo más significativo de esta etapa fue que había estudiantes con una buena formación. Me tocó una gran época de la Escuela Superior de Agricultura, cuando éramos líderes en la fitopatología a nivel nacional; esto se dio porque había gente muy interesada en que los jóvenes aprendieran y los profesores estaban muy capacitados para ese reto”.

El artículo completo está disponible en el número 38, páginas 16, 17, 18, 17 y 20, de su revista Agro Excelencia.

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