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¿Producción en el desierto en suelos arenosos?

Los suelos arenosos poseen baja capacidad de intercambio catiónico, es decir, poca habilidad para retener nutrientes y pobre en materia orgánica. Su buen drenaje causa pérdida de nutrientes por lixiviación y evaporación.

La lixiviación ocurre cuando el agua de lluvia o riego atraviesa el suelo y arrastra nutrientes, como nitratos, potasio o calcio, hacia capas más profundas del suelo.

La aplicación de composta a base de estiércol e hidrogel (sal potásica) aumenta la fertilidad de los suelos, eficientan la absorción de nutrientes y mejoran el aprovechamiento del riego en los cultivos.

Materia orgánica

La incorporación de composta contribuye a una mejor fertilidad de los suelos arenosos, pese a que el aporte de nutrientes por la materia orgánica es bajo: 2 % de nitrógeno, uno de fósforo y 2 % de potasio.

Sin embargo, la materia orgánica posee la cualidad de retener 90 % de su peso en agua, eleva la capacidad de intercambio catiónico del suelo y puede aumentar la actividad microbiana del suelo.

Para que la materia orgánica esté disponible en la planta debe pasar por procesos de humificación y mineralización. Estos procesos degradan la materia orgánica en sustancias minerales como nitratos, sulfatos y amonio disponibles para las plantas.

La velocidad de transformación de la materia orgánica en sales minerales dependerá de la relación carbono-nitrógeno (C/N) y de la actividad microbiana del suelo, principalmente.

Los niveles de nitrógeno en el suelo son medidos por “unidades”, mientras que en las especies vegetales se miden en “proporción” y en el ambiente en “porcentaje”. Para la elaboración de abonos o aportación de materia orgánica a los suelos, la cantidad de carbono se expresa en proporción a la cantidad de nitrógeno (C/N) que existe en esa materia orgánica.

Una relación C/N menor o igual a 20 favorece la disponibilidad de nitrógeno para la reproducción de los microorganismos del suelo.

En una relación 20-40 hay un balance entre la disponibilidad de nitrógeno y carbono, lo que favorece la vida microbiana del suelo. Sin embargo, una relación mayor a 40 mejora la estructura del suelo al facilitar la disponibilidad de carbono.

La aplicación combinada de materia orgánica y microorganismos (biofertilizantes) beneficia la actividad enzimática, como ureasa, nitrogenasa, fosfatasas y proteasa. Esto promueve la degradación de las sustancias húmicas a sustancias minerales, lo que ayuda a la fijación del nitrógeno, la solubilización del fósforo y producción de fitohormonas (auxinas y citoquininas), estimulando el crecimiento y desarrollo de las plantas.

M. C. Yohandri Ruisánchez Ortega

Universidad Estatal de Sonora

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El artículo completo está disponible en el vol. 69 de Agro Excelencia

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